Tras cinco meses viajando por Latinoamérica, el maestro Sabina ha vuelto a España y ha elegido Badajoz para iniciar una gira nacional que le llevará por toda la península. Desde Toledo hasta Canarias, pasando por Barcelona, Sevilla, su Úbeda natal y la madrileña plaza de Las Ventas. En total, 41 recitales que se prolongarán hasta el 23 de octubre próximo.
'Vinagre y rosas' es un disco lleno de melancolía, aunque muy 'Sabina', es decir, con la parte más poeta de este autor. Las canciones tienen un toque especial, quizá porque el cantante tardó cuatro años en romper su sequía de compositor. Finalmente lo consiguió en la ciudad de Praga y de la mano de un amigo, el poeta Benjamín Prado.
«Estábamos locos por volver y para volver, qué mejor sitio que la Plaza de Toros de Badajoz», fue el saludo de ayer a sus aficionados, que le respondieron con una rotunda ovación. Sabina apareció ante su público ataviado con frac, pantalones granates, y su eterno bombín, una prenda que lucían también con complicidad muchos de los asistentes. Tras 'Tiramisú de limón' y 'Viudita de Clicquot', de su último disco, continuó con otros viejos éxitos como 'Ganas de' y 'Medias negras', muy coreadas por el público. Lo más sorprendente del aforo era la variedad. Desde compañeros de generación del artista, que ya ha cumplido los 61 años, hasta adolescentes que, a pesar de su juventud, conocían cada palabra de las letras compuestas por el de Úbeda.
Es normal que en Badajoz fuese recibido con muchas ganas, ya que el cantautor tenía una deuda pendiente con Extremadura. Sabina lleva algún tiempo sin pasar por la región en solitario. Lo hizo en agosto del 2007 en Cáceres con Joan Manuel Serrat y en mayo del 2006 estaba anunciado en Mérida, pero se suspendió. La espera ha merecido la pena y así lo demostró ayer. Sus seguidores salieron emocionados de un recital que puede ser de los últimos de Sabina ante 10.000 personas, ya que ha anunciado que se retira a escenarios más pequeños. Los que ayer tuvieron la suerte de verlo, pueden decir que se despidieron a lo grande.
'Vinagre y rosas' es un disco lleno de melancolía, aunque muy 'Sabina', es decir, con la parte más poeta de este autor. Las canciones tienen un toque especial, quizá porque el cantante tardó cuatro años en romper su sequía de compositor. Finalmente lo consiguió en la ciudad de Praga y de la mano de un amigo, el poeta Benjamín Prado.
«Estábamos locos por volver y para volver, qué mejor sitio que la Plaza de Toros de Badajoz», fue el saludo de ayer a sus aficionados, que le respondieron con una rotunda ovación. Sabina apareció ante su público ataviado con frac, pantalones granates, y su eterno bombín, una prenda que lucían también con complicidad muchos de los asistentes. Tras 'Tiramisú de limón' y 'Viudita de Clicquot', de su último disco, continuó con otros viejos éxitos como 'Ganas de' y 'Medias negras', muy coreadas por el público. Lo más sorprendente del aforo era la variedad. Desde compañeros de generación del artista, que ya ha cumplido los 61 años, hasta adolescentes que, a pesar de su juventud, conocían cada palabra de las letras compuestas por el de Úbeda.
Es normal que en Badajoz fuese recibido con muchas ganas, ya que el cantautor tenía una deuda pendiente con Extremadura. Sabina lleva algún tiempo sin pasar por la región en solitario. Lo hizo en agosto del 2007 en Cáceres con Joan Manuel Serrat y en mayo del 2006 estaba anunciado en Mérida, pero se suspendió. La espera ha merecido la pena y así lo demostró ayer. Sus seguidores salieron emocionados de un recital que puede ser de los últimos de Sabina ante 10.000 personas, ya que ha anunciado que se retira a escenarios más pequeños. Los que ayer tuvieron la suerte de verlo, pueden decir que se despidieron a lo grande.